Luz del Viento
Reflexiones

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El estigma de la envidia permanece en el ser como un mal sagrado. El hombre que la sufre se encuentra apartado como si de una enfermedad contagiosa se tratase. La envidia lo destruye y en su lucha acaba destruyendo, a modo de contagio, al ser puro. El envidioso ya no vive en sí, vive en el otro, ve las cosas que no vive y vive la vida del otro.

La envidia es el infierno aquí en la tierra, una sombra que se entrecruza con la sombra del otro.

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