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En el nacimiento de Dios hay una transmutación del Espíritu, lo Totalmente Otro se hace accesible al ojo humano. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. El Logos divino quiso ser hombre, quiso ser limitado, material y cognoscible. Pero es la palabra la que crea el ser, hágase y se hizo la creación.
La Palabra preñó el limo de la tierra y de ella brotaron las lágrimas de los que solo encontraron el barro sin el aliento del Espíritu.